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sábado, junio 28, 2014

Extracto del primer capítulo de BAJO LA LLUVIA DE BERLIN. Disponible en amazon

 De repente sonrió y sintió como si una mariposa se le estuviera posando en el estómago, recordando que su futuro esposo descansaba en la habitación de al lado y estaba justo al  girar la manecilla de la puerta; tan cerca que si la abría, escucharía sus ronquidos ligeros y respiraría el olor característico de su perfume añejado entre las sabanas.
Tras pegarse la bata de algodón al pecho para mantener el calor corporal, se dirigió a la cocina y calentó un poco de agua, tomó jengibre fresco de la alacena y empezó a machacarlo. Alphonse lo había comprado en un mercado oriental que quedaba a menos de una cuadra. Se dispuso a echarlo en la olla hirviendo para hacer un té. Era lo único que le quitaba el frio, ya que detestaba el café y algunos tés artificiales le causaban un poco de alergia.
Paula todavía conservaba las costumbres de pueblo, de cocinar con raíces naturales, sazones hechos en casa, las tradiciones culinarias que en estos tiempos en países y ciudades muy desarrolladas, ya no se ven.
Ese día tenía mucho de importante, era su boda, la de  Paula Martínez y Alphonse Urz. No había felicidad que comparara el hacer sus sueños realidad junto al hombre que amaba. Tampoco se lo podía creer que por fin y fuera de sus tierras, encontrara la felicidad.
— ¿Qué hace la mujer más hermosa del universo despierta a estas horas? —preguntó Alphonse con voz ronca.
—Según las reglas de la tradición, no puedes ver a la novia antes de la boda. —dijo ella tapándole los ojos cuando él estuvo a pocos centímetros de su cuerpo.
—Pues a mí me vale madre las tradiciones cielo, eres mía y es lo que me importa. —insistió dándole un beso tibio aun con los ojos cerrados.
—Eres un malcriado. —Paula fingió enojo mientras las manos de su novio rodeaban su estrecha cintura. Llevaba puesta una bata de seda blanca, y otra muy gruesa por encima para cubrirse del frío.

—Con ese cuerpo que tienes, es difícil poder cumplir con nuestro pacto de no vernos ni tocarnos hoy. —resopló en su oído. Paula suspiró excitada, Alphonse despertaba en ella todas las emociones carnales y emocionales.



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